El día de Muertos es una tradición antigua que se remonta a tiempos de la historia precolombina. Los humanos tendemos a vivir en base a ritos, signos y simbolismos. Las creencias que tiene cada pueblo difícilmente pueden erradicadas o sustituidas. La idiosincrasia de México se ha distinguido por su peculiar forma de recordar a sus difuntos.
La iglesia católica ha tenido que ir adaptando tales creencias a una religiosidad más sustentable.
A pesar de que se le ha acusado de ser promotora de idolatrías, la iglesia católica defiende su postura que venerar a los difuntos ‘santos’ no es sinónimo de adorarlos; sino honrar sus buenas obras en beneficio de la humanidad.
El concurso de Altares debe comprender, pues:
Un moderador que explique al publico los antecedentes [de los Altares] y propósitos de tales concursos.
Se debe luchar por ir quitando lo supersticioso a estos eventos, lo cual es muy común.
Se deben explicar los simbolismos de cada accesorio o utensilio que se ponen en el altar. Nosotros los humanos nos servimos de lo visible, de los significados o representaciones que nos expliquen al mundo y a sus infinitas razones de ser y proceder.
Estas prácticas ya tienen el aspecto positivo de promover la participación en equipos y fomentar compañerismo así como valores familiares.
Se debe luchar por promover el aspecto artístico en la decoración del altar; ya que ’el papel de las artes visuales deben de transformar las conciencias’.Que ejerzan la imaginación creativa y la percepción del fenómeno plasmando visualmente el espíritu de la persona en modos muy peculiares que no caigan en la idiosincrasia.
En cuestión doctrinal, "La misión actual de la ciencia litúrgica no consiste en ocuparse del culto primitivo o de la liturgia hoy en vigor, sino de reflexionar conjuntamente con otras ciencias teológicas y humanas y señalar líneas de orientación y formulas concretas para una acción cultual que responda exactamente a las exigencias de la iglesia actual. A este objetivo de la ciencia litúrgica se refiere Karl Rahner cuando escribe: ‘La actual ciencia litúrgica no tiene ya como objetivo principal la historia y la valoración de la liturgia existente, sino la reflexión teológica-científica sobre la liturgia que debe crearse’".
La celebración de Día de Muertos en teoría va en contra del conocimiento científico, se ha vuelto anti-pedagógica pues; porque en general, se ha experimentado que, no se da una profunda explicación de su razón de ser y se deja tal evento en manos de la creencia desorientada de la gente que le participa. En nuestro México reinan las creencias por mundos mágicos que afectan nuestras formas de vivir y donde provienen practicas comunes que escuchamos de personas cercanas, quienes influyen en la adaptación de tales ritos. Hemos perdido interés en educar en torno a este fenómeno y se lo dejamos a la sociedad para que busque, por si sola, explicación a toda esta celebración. Aparte de ser parte de nuestra cultura y tradición mexicana.
Estas prácticas deben servir para exaltar las virtudes del difunto al cual se le presentan ofrendas de un cariño representado mediante objetos y la comida debe ser representando el platillo que gustaba la persona en vida, solo en caso de saberlo, sino se debe de omitir esta parte pues es partidario de la vieja leyenda de que los muertos vienen a visitarnos una vez mas. Todo ello enfocado en resaltar valores de humanidad.
Estas prácticas no deben de fomentar una obligatoriedad sino partir del deseo de participar en un evento familiar o amistoso que promueva unir más los lazos entre los mismos participantes.
Lo cierto es de que en nuestra cultura no regimos por ser imperativos al pedir que se hagan las cosas, porque el mexicano se distingue de ser un poco pasivo en su quehacer [de acuerdo a la descripción de Octavio Paz en su ‘Laberinto de la Soledad’] y nos gusta en estos aspectos ser dadivosos a gastar en accesorios hallado al alcance de uno, como son las veladoras, papel decorativo, flores de colores, etc.
No hay que olvidar que existe un rencor existencial que surge de la entrada de la conquista española hacia la forma de vivir de nuestros antepasados, de sus costumbres y deidades. Ha tomado mucho tiempo evangelizar a la gente que tiene enraizada tales creencias aun y quienes sostienen su peculiar modus vivendi. La ciencia ha abierto puertas para despertar el conocimiento de otras realidades mas palpables, pero la misma resistencia del gobierno a capacitarnos mejor ha permitido cubrirnos con mecanismos mentales ya anteriormente inculcados, como lo supersticioso.
En visión de lo social y político, aunque aparenta ser un mero instrumento del gobierno para apaciguar al pueblo a concientizar en las problemáticas que le acontecen, mas que representar una distracción social es un tiempo de reflexión hacia un aspecto muy importante en la vida: la muerte, lo cual es sinónimo de alimentar al subconsciente de la falta de una espiritualidad que nos ayude a enfrentar al mundo exterior al cual a diario nos topamos. Ver que lo material no es lo más importante en nuestras vidas. Y esto en vez de debilitarnos, nos hace más humanos y más ‘MEXICANOS’ de lo que el gobierno pueda creer controlar. Ya que como el filosofo Samuel Ramos solía decir vía escrito, esta despertando el gigante dormido [México].
Otro aspecto cultural a considerar en esta fecha es la composición de textos cómicos en torno a la muerte, denominado: ‘las calaveritas’. Los mexicanos tendemos a reírnos de la muerte desde tiempos atrás según nos relata el libro ‘vecinos distantes’. Una manera muy folklórica de hacerlo es escribir versos cómicos donde nos reímos [no burlarnos] de nuestros gobernantes, nuestros familiares y amigos y hasta de celebridades o eventos actuales que han tocado nuestras vidas; y se los adherimos a unos pasajes pintorescos donde la muerte juega con ellos.
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